dijous, 3 de novembre de 2011

Noche de médico

Pío Baroja va nèixer a la mateixa ciutat que el meu home, fa molts més anys i en una família de diners. Fou metge i, como totes vosaltres sabeu, un escriptor de prestigi de l'anomenada generació del 98. 

A casa tenim un petit llibret seu, anomenat Fantasías Vascas que vam comprar al mercat de Sant Antoni i que conté relats molt curtets. Avui us reproduiré alguns fragments d'un que és molt realista. Reprodueix una escena de mares, metges i companyia i amb el qual és molt fàcil introduir-se en una altra època. Principis de segle a un poblet basc, per exemple.

No sé por qué conservo tan gravado el recuerdo de aquella noche. El médico de un pueblo vecino me avisó para que fuera a ayudarle en una operación. Recibí su recado por la tarde, una tarde de otoño triste y oscura.

(...)
Precedido por el labriego que había venido a buscarme, comenzamos a internarnos en el monte. Yo montaba en un viejo caballo que iba tropezando a cada momento. El camino se dividía en algunos sitios en estrechísmias sendas, terminadas a veces en prados cubiertos de hierba amarillenta, esmaltada por las campanillas purpúeras de las digitales, y subía y bajaba los senderos al cruzar una serie de colinas que como enormes olas se presentaban bajo un monte (...)

Oscureció y seguímos marchando. Mi guía encendió un farol. 
A veces rompía el augusto silencio alguna canción del país, cantada por algún labriego que segaba hierba para sus vacas. El camino boredaba las heredades de los caseríos. El pueblo estaba cerca. Se le veía a lo lejos sobre una loma, y señal de su vida eran dos o tres puntos luminosos que brillaban en su montón sombrío decasas. Llegamos al pueblo y seguimos adelante: la casa se hallaba más lejos, en un recodo del sendero. Estaba oculta entre viejas encinas, robles corpulentos y hayas de monstruosos brazos y de plateada corteza. Parecía mirar de soslayo hacia el camino y esconderse para ocultar su miseria...

Caserío Igartubeiti

Entré en la cocina del caserío; un vieja mecía en la cuna a un niño. 
- El otro médico está arriba- me dijo.

Subí por la escalera al piso alto. De un cuarto cuya puerta daba al granero, escapaban lamentos roncos, desesperados y un !Ay, ene! regular, que variaba de intensidad, pero que se repetía siempre. 

Llamé, y el médico, mi compañero, me abrió la puerta. Del techo del cuarto colgaban trenzas de mazorcas de maíz; en las paredes, blancas por la cal, se veían dos cromos, uno de un Cristo y otro de la Virgen. Un hombre, sentado sobre un arca, lloraba en silencio; en el lecho la mujer, con la cara lívida, sin fuerzas más que para gemir, se abrazaba a su madre...Entraba libremente el viento en el cuarto por los intersticios de la ventana, y en el silencio de la noche resonaban potentes los mugidos de los bueyes...

Caserío Garitano-Aldekoa (Bergara). 1915-1930
Mi compañero me explicó el caso, y allá en un rincón hablamos los dos grave y sinceramente, confesando nuestra ingnorancia, pensando únicamente en salvar a la enferma. 

Hicimos nuestros preparativos. Se colocó en la cama la mujer...Su madre huyó llena de terror. 

Templé los fórceps en agua caliente, y los fui pasando a mi compañero, que colocó fácikmente una hoja del instrumento, después con más dificultad la otra; luego cerró el aparato. Entonces hubo ayes, gritos de dolor, protestas de rabia, rechinamiento de dientes...; después, mi compañero, tembloroso, con la frente llena de sudor, hizo un esfuerzo nervioso, hubo una pausa, seguida de un grito estridente, desgarrador...

Habiá terminado el martirio; pero la mujer era madre, y olvidando sus dolores me preguntó tristemente: 

- ¿Muerto?...

- No, no- le dije yo.

Aquella masa de carne que sostenía en mis manos vivía, respiraba. Poco desupés el niño gritaba con un chillido agudo.

-  !Ay, ene!- murmuró la madre, envolviendo con su misma frase que le servía para expresar sus dolores todas sus felicidades...

Tras de un largo rato de espera, los médicos salimos dela casa. Había cesado de llover; la noche estaba húmeda y templada. 

(...)

8 comentaris:

  1. Realment et fiques molt en l'ambient, entre el text i les fotos!
    Al llegir el paràgraf de quan el metge arriba a la casa, no dóna gens la sensació de que sigui un part, així que m'ha sorprés el final!

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  2. Imagino que en moltes més ocasions que ara els parts devien ser així, moments plens de tensió i expectació...com dius, crec que ho capta molt bé el senyor Baroja...

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  3. Jo per molt que m'esforci aquesta mena de lectura no hi ha manera que m'enganxi. Ara, també he de dir que tal i com tu ho has exposat avui aquí... així dona gust!

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  4. Avui la lectura ha estat gairebé un document etnogràfic, així passa més bé, oi? Però mira, ja de pas podem dir que hem llegit una narració del Baroja i quedem la mar de bé! ;)

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  5. uf! m'hi he posat tant que semblava que estigués a un racó de la habitació!!
    Molt xulo Anna.

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  6. Aquests estils tan descriptius són genials i importa tant el que diuen com com ho diuen. Malauradament a alguns escriptors els tenim molt oblidats. Ara estic en una lectura colectiva de Valle Inclán i és fascinant.
    M'has fet agafar ganes de tornar a llegir El árbol de la ciencia que vaig llegir fa mil vides.

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  7. Jo El árbol de la Ciencia el vaig llegir a COU i em va encantar. Potser també va sent hora de fer-ne una repassada, ara que ho dius...Valle Inclán es la ostia! una de les meves noveles-obres de teatre preferides és, sens dubte, Luces de Bohemia (l'hauria d'haver posat a aquell meme que vam fer fa un temps...) S'han de recuperar els clàssics sense por ni veneració, estic amb tu, com és habitual.

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